Nules. Horno de Santa Isabel.
Nuestra vecina Amparo Salafranca guarda la memoria de la tradición del Horno de Santa Isabel, conocido popularmente como el “Forn de Salafranca”.
La familia Salfranca se trasladó de La Vall d’Uixó a Nules ante las perspectivas de crecimiento que Nules ofrecía a principios del siglo XX. Alquilaron un horno situado en la calle Mayor número 20 que comenzó a formar parte del comercio local con éxito. Hermelando Salafranca Jover y su esposa Amparo Aznar Valls ya eran una familia más de Nules. A mediados de los años 20 los propietarios del Horno que explotaban les anunciaron una subida del alquiler que hacía inviable su continuidad. La familia se planteó volver a La Vall, pero en ese momento intervino la familia Iturriaga, vinculada a los Salafranca y les hizo saber que construirían un horno para que ellos lo pudieran regentar por lo que decidieron seguir en Nules. En 1927 el Horno de Santa Isabel abrió sus puertas en la calle Soledad número 9.
Los hijos del matrimonio Salafranca Aznar, continuaron en el oficio. Hermelando Salafranca Aznar estuvo en intendencia del ejército durante la guerra civil, destino lógico para un panadero. El propio horno vivió las vicisitudes revolucionarias, siendo eliminada la palabra SANTA de la capilla del retablo cerámico de la fachada. Otro hermano José, Hermelando falleció joven, aparece en la fotografía, junto al padre de Amparo, Francisco Salafranca en su quehacer diario en el horno, ya en la posguerra.
Esta fotografía del despacho de pan retrata una escena diaria tradicional de Nules. En ella aparece Teresa Salafranca junto con la joven que trabajaba para la familia en el despacho diario de pan.
En la fotografía familiar de la calle Soledad frente al horno
vemos a todos los hermanos Salafranca y
al matrimonio Salafranca Aznar.
Amparo Salafranca recuerda que en el horno, además del pan diario, triunfaban las rosquilletas, las ensaimadas, los panquemaos y en Pascua las monas. También recuerda que en las tardes de toros en la plaza, cesta en mano, vendían rosquilletas en la plaza y recuerda que el padre de Valentín “el de la farmacia” vendía uva. Otra de las costumbres al llegar el verano, era trasladarse en bicicleta hasta la playa por las tardes y vendían “coques, ensaimaes i les rosquilletes” era a finales de los 50 principios de los 60.
Para finalizar, recuerda que tuvieron puesto en el mercado en la parte interior, en la entrada a la izquierda, bajo el reloj.
Costumbres que forman parte de la historia diaria de varias generaciones, vivencias de muchos nulenses.
El retablo y la capilla fue salvado gracias a los actuales propietarios que lo cedieron al ayuntamiento y está pendiente su nueva ubicación.
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